Alternativa de Ciudad

Publicado: 20 junio 2012 de Centro Independiente de Noticias en México, opinión
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[México / Colaboración]

“Sólo la oscuridad
y el silencio
el crujido inacabable
de los autos
navegando en el asfalto
la oscuridad
el bosque silencioso
que soy
bañado de concreto”1

1 Extracto Arrullo de los autos. Alfredo Elejalde

Actualmente, la Ciudad de México es el escenario de grandes cambios en su forma de transportar personas y en la forma de que los ciudadanos se relacionan con su entorno, con su comunidad.

Por un lado, el gobierno está promoviendo un plan de movilidad urbana: modernizando unidades de transporte público, creando corredores cero emisiones con camiones eléctricos, construyendo la línea 12 del metro, así como el crecimiento del sistema de transporte metrobús, con su línea 4 en construcción. Por otro lado, se está incentivando el uso de la bicicleta como medio de transporte, con el nuevo sistema EcoBici, planteado en un principio para algunas colonias de la parte central de la ciudad, con miras de expansión al sur, en Coyoacán. Irónicamente, el gobierno de la ciudad también está llevando a cabo la construcción de segundos pisos así como de una supervía que conectará el poniente de la ciudad con el sur, pasando por áreas de suelo conservación, tan necesarias para el DF. La visión que se tiene en cuanto a movilidad en la ciudad es contradictoria. No se puede pensar una ciudad donde el auto sea el amo y señor de las calles y la vía pública, esa visión carrocentrista tiene que cambiar. Tenemos que cambiar la manera en como interactuamos con la ciudad.

Comencemos a pensar en ciudades donde el auto sea desplazado a segundo término y donde el transporte público de calidad tome fuerza. Una ciudad donde el peatón tenga seguridad y pueda caminarla sin riesgo de ser atropellado por algún conductor imprudente. Tomemos como ejemplo, la ciudad coreana de Seúl en Cheonggyecheon2. Un riachuelo, que fue cubierto después de los años 60´s, en el que se construyó una carretera a 2 niveles. Fue hasta el 2003 cuando el gobierno de la ciudad removió la carretera y descubrió el río para darle mantenimiento y rescatarlo, convirtiéndolo en un paseo peatonal en medio de la caótica Seúl.

Actualmente es un lugar de reunión a todas horas, con exclusivas boutiques a lo largo del río. Esto cambió la manera en que los habitantes viven su ciudad. El contacto con la naturaleza y el respeto por ella. Todas estas acciones levantaron la calidad de vida de una zona presa del caos automovilístico.

Algo similar a Cheonggyecheon está ocurriendo en el Centro Histórico del DF. Hace un año exactamente, el GDF inauguró como calle peatonal Madero. El fenómeno que se suscitó aquí es digno de reconocerse. A los pocos días de su inauguración, y sin estar completamente terminada, se convirtió en el paseo favorito de cientos de capitalinos que transitan por el centro histórico a diario, a todas horas.

Poco a poco el centro ha ido rescatando sus calles, se ha revitalizado y se le ha dado un nuevo enfoque, más humano. Pero no es suficiente, la ciudad necesita mejorar su calidad de vida, y ¿cómo lograrlo? ¿Revitalizando las plazas, dejando de construir segundos pisos y supervías que lo único que logran es crear más y más caos dentro de la ciudad? Se requieren cambios importantes en oposición a las megas obras que se está haciendo. Es necesario rescatar los espacios públicos, hacerlos más atractivos para la población, hacerlos seguros, y que la gente se apropie de la vía pública; que pierda el miedo a transitar en la noche, a caminar su ciudad.

Esto se puede lograr diversificando el uso de suelo dentro de las colonias; una colonia totalmente habitacional lo que va a provocar, es que la gente tenga que recorrer grandes distancias para encontrar víveres, o diversión, o incluso sus oficinas. Al momento en que se diversifican los usos de suelo dentro de un mismo barrio, la actividad nunca cesa, y se crea una zona vibrante y segura, como lo está siendo el centro histórico.

Otra propuesta muy interesante que está sobre la mesa, es la de rescatar el Río de la Piedad, (se localiza al centro del DF y corre de poniente a oriente, originándose de 2 ríos, el Tacubaya y el becerra, al poniente). Esta propuesta está a cargo de Taller 13 Arquitectura Regenerativa3. Su propuesta es muy similar a lo que se logró en Seúl, descubrir el río de la piedad que atraviesa la ciudad de poniente a oriente, limpiar el agua y convertirlo en un parque lineal. Conjugando transporte público eficiente y limpio, siendo una alternativa natural y segura para el esparcimiento de los ciudadanos de esta mega urbe. Al momento de rescatar en un principio el Río de La Piedad, se logra, principalmente, cambiar la visión con la que vemos a la ciudad, la manera en que nos transportamos y las elecciones que hacemos, elegir el transporte público eficiente sobre el automóvil privado.

Para poder entender estos fenómenos sociales, es necesario que entendamos al espacio público como el tejido conector de la ciudad, donde se producen los encuentros entre los habitantes, y de ellos con la ciudad. Entenderlo como el espacio urbano, que no está limitado por derechos de propiedad, que es accesible a cualquiera y en el que se puede experimentar el comportamiento colectivo. Junto con las áreas verdes, constituye el centro de la interacción social y es el complemento de la masa edificada.

Es aquel espacio donde se desarrollan las actividades rituales que unen a una comunidad, para interactuar con otras personas y con el entorno. De ahí la importancia de un parque o una plaza públicos, aísla a las personas de su quehacer cotidiano, y las conecta y hace partícipes de la relación con sus pares, estableciendo lazos de socialización entre grupos humanos. La relación persona – entorno, y la frecuencia de uso del espacio genera un “apropiarse del lugar” y considerar el espacio como propio.

En definitiva, no podemos pensar en una ciudad donde el auto nos aísle como seres humanos. Somos seres sociables, donde nuestros puntos de convergencia son las plazas y parques públicos, la interacción con el otro y con nuestro entorno es un factor que se está perdiendo en aras de la modernidad mal entendida. Modernidad debería ser encontrar formas de mejorar la calidad de vida y al mismo tiempo encontrar soluciones que tuvieran un menor o nulo impacto en el medio ambiente. Encontrar formas de transformar nuestras ciudades para que sean detonantes del proceso social del que somos parte, acentuar la importancia del espacio público para el habitante urbano, donde se conecta a los otros, en un sentido funcional, y en un sentido social, y donde se construye una vida colectiva, la vida en común.

Arq. Jerónimo Monroy Figueroa

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