Un año de exilio

Publicado: 3 septiembre 2012 de Centro Independiente de Noticias en DD.HH./Violaciones, México, Medios de Comunicación
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[México / Campaña Permanente de Protección a Periodistas]

México D.F.,  3 de septiembre de 2012 (Revista Era).-Coraje, tristeza y el tango de “Adiós muchachos” de Carlos Gardel es lo que acompaña a Miguel Ángel López Solana a un año de su exilio de Veracruz, después que su familia fue acribillada y tuvo que huir para salvar su vida. Yo le preguntaría al Gobierno, por qué si sabían que tenían presuntos “vínculos” con carteles de la droga, ¿no los detuvieron?, ¿por qué acusar a quien ya está muerto?, ¿por qué no inician por casa?

*CARMEN KAHLO

La tristeza envuelta en coraje es lo que encierra el sentimiento del fotógrafo veracruzano, Miguel Ángel Gutiérrez Solana, que dejó el país para pedir asilo en Estados Unidos y así salvar su vida, luego de perder a su familia, acribillada un fatídico domingo.

Pide que lo llamen Mals, como lo hacían sus colegas en el Puerto de Veracruz hace ya más de un año, cuando se autoexilió el lunes 20 de junio del 2011, “el más doloroso que viví”, y que ahora se ha convertido en ira.

Miguel, a miles de kilómetros lejos de Veracruz, expresa su encabronamiento porque no se han resuelto los crímenes de sus padres y hermano, porque los responsables siguen libres, porque no puede pisar la tierra que extraña y, porque desde allá, ve cómo se extingue la vida de varios periodistas, sin que nadie meta las manos.

EL DÍA DEL PADRE, PERDÍ TODO

El lunes 20 de junio del 2011, sería para Mals el más doloroso que haya podido vivir. Se congeló en su mente y en su corazón. Su padre Miguel Ángel López Velasco –columnista de Notiver, conocido como Milo Vela-, su madre Agustina Solana de Velasco y su hermano Misael, fueron acribillados en su casa.

Un día antes, el domingo 19, Día del Padre, Mals acudió con su esposa Vanesa a celebrar en casa de su familia, ubicada en las calles de San Jerónimo y Villa Pich, en la colonia Playa Linda, a unas escasas cuadras de la extinta policía intermunicipal, la cual ahora es resguardada y habitada por Elementos de la Marina que ahí pernoctan.

“Mi mamá nos habló para ir a comer, así que más o menos al medio día llegué con mi mujer a la casa de mis padres (…)hablamos de cosas de familia, de cómo nos había ido en esa semana, y de lo que íbamos a hacer la otra semana. Ahí estaba mi hermano Misael (Misha, como lo llamaban) y Jazmín. Estábamos todos muy contentos… tan solo de recordar la voz de mi padre diciéndome que las cosas últimamente se estaban poniendo muy canijas y que debíamos de estar Misha y yo más alerta que en otros tiempos, se me eriza la piel y me hace no sé, encabronarme”.

Para Miguel, ellos eran una familia como cualquier otra, sin problemas con nadie, “al menos hasta esos días así lo pensábamos. Mi padre era muy querido, a los compañeros les consta, era un hombre derecho, no se dejaba, pero tampoco le gustaban las injusticias”

Después de la comida y la sobremesa, se despidieron sin saber que esa sería la última vez, “uno jamás imagina que su familia va a morir, y menos en una situación tan trágica”.

A un año de ese encuentro, el último que compartió con su familia, para Mals la vida ha sido difícil.

Ha tenido que dejar el suelo que lo vio nacer. Las calles en las que más de una vez caminó bromeando con su hermano “Misha”. O donde acompañó a sus padres a degustar la postal bañada por el naranja del atardecer, que el centro histórico ofrece a los locales. Hoy son un recuerdo, un sueño lejano.

Para el fotógrafo, quien ha tenido que emplearse hasta de reparador de llantas ponchadas en su exilio, hablar del tema, dice, más que dolerle, “le encabrona” porque las investigaciones ministeriales no han avanzado en lo absoluto y los responsables siguen libres.

ME SENTÍA FUERA DE MÍ, NO ALCANZABA A COMPRENDER QUÉ PASABA

Eran las 6 de la mañana del lunes cuando, el Mariachi (Gabriel Huge, reportero gráfico de Notiver, también asesinado y desmembrado el 4 de mayo del 2012) le marcó para darle la noticia.

“No lo podría creer y todo pasó tan rápido, que no sé en qué momento he logrado dormir(…) de ahí todos saben lo que pasó conmigo. El funeral fue tan rápido, algunos amigos asistieron, otros prefirieron sólo hacerme llegar el pésame pues temían por su vida”, recuerda.

Las condolencias empezaron a llegar vía Facebook o Twitter, las redes sociales fueron medio para solidarse con él, ante el temor que permeaba en el ambiente.

“Las muertes de mis padres y de mi hermano conmovieron al gremio no sólo local, sino nacional, amigos que se enteraron de esta situación me hicieron llegar sus condolencias, en un momento en el cual yo no alcanzaba a comprender qué pasaba, me sentía fuera de mi (…) El diario en el que laboró mi padre toda su vida, suspendió un día su circulación en señal de duelo”, señala.

De acuerdo a las primeras pesquisas hechas por elementos del Ministerio Público, el triple homicidio se registró alrededor de las 5 de la mañana del día lunes y de inmediato se abrieron tres líneas de investigación: en el ámbito laboral, familiar y personal. Hasta el momento no hay una versión oficial o un avance de las investigaciones.

ADIÓS MUCHACHOS, CARLOS GARDEL LO ACOMPAÑA EN SU EXILIO

El tango del argentino, Carlos Gardel, “Adiós Muchachos” ayuda a entender un poco de lo que Mals siente al recordar a su familia.

“Tuve que decirle adiós, no sólo a mis padres y a mis hermanos, sepultarlos en una tierra en la que no los puedo visitar por el temor a perder mi vida, a exponer a mi esposa, a mi hermana y su familia. Le dije adiós a mis amigos, a esa barra querida con la que parrandeaba, trabajaba y andaba, pero como dice Carlos Gardel, ante Dios el jefe supremo, no hay nadie quien se le resista, ya estoy acostumbrado a su ley, a respetar”, dice con un dejo de rencor que guarda una profunda tristeza.

Después de sepultar a sus padres, el periódico La Jornada lo ayudó a salir del estado. “No podía estar un minuto más en Veracruz”.

POR QUÉS, ENIGMAS

Los porqués continúan siendo enigmas para Mals, ya que cuando se suscitó el triple homicidio, el entonces procurador del estado, Reynaldo Escobar Pérez, señaló como responsable intelectual del asesinato a Juan Carlos Saavedra, alias “El Ñaca” presunto narcotraficante. Por qué era el principal sospechoso, es algo que sólo Escobar Pérez conoce.

Mals, asegura que hay una cortina de humo que opaca la verdad, sin embargo luchar contra un sistema que se opone a ser transparente y que ante la más mínima “intentona” por esclarecer el tema, elimina a quien se le ponga enfrente.

“Se dice que Yolanda Ordaz, -asesinada el 27 de julio, un mes después que a la familia López Solana- jamás creyó lo que se dijo de manera oficial. Empezó a investigar y pues el resultado ya lo sabes. Un mes después de las muertes de mis padres y hermano, fue encontrada muerta atrás de un periódico, decapitada y con una nota en la que se le vinculaba con el crimen organizado. Nota que nadie más vio, salvó la procuraduría”.

VEO COMO LA VIDA DE MIS COMPAÑEROS SE VA EXTINGUIENDO

Para Miguel todas son meras suposiciones, de las cuales, sólo quienes han perpetrado estos hechos saben y conocen de fondo los motivos:

“En verdad me siento tan encabronado, porque desde aquí voy viendo cómo la vida de amigos, conocidos y compañeros del gremio se está extinguiendo. Como diría mi padre como los muertos no se defienden, qué fácil es culparlos…los periodistas han sido brutalmente asesinados y sus victimarios continúan en impunidad”, señala.

Miguel quien dio a conocer públicamente la situación que vivió, que vive y que pidió auxilio para los periodistas veracruzanos en un foro organizado por el Centro Knight en Austin, Texas, recuerda que los periodistas se sorprendieron con su historia, pero lo que más impactó les causó es saber cómo se manejan los medios de comunicación en Veracruz, cómo son manipulados y cómo no hacen nada por salvaguardar la vida de sus trabajadores.

En una tierra que aún no siente como propia, lejos de la patria, de la familia, los amigos, de las tardes de portales con los colegas, que describe, su mayor pesar recae en saber que más de una familia a partir de que él perdió a sus padres y su hermano, ha tenido que enfrentar el duro golpe de decir adiós a un hermano, a un hijo, o a un esposo.

“Creo que la solución debe venir de fuera. Los homicidios se dan cuando el gobierno desde adentro no hace nada, ni por el gremio ni por el oficio (…) siento mucha impotencia, pero nada es para siempre, y al menos, la presión internacional ya está”, indica.

Y es que para este joven reportero, que ha cambiado radicalmente su vida en un año, a raíz de la inseguridad y de la impunidad, señala que es hora de cerrar filas en torno a la seguridad, no tan sólo de los periodistas, sino de todos los ciudadanos que no se merecen dejar de ser informados.

Y lanza preguntas al ex procurador Reynaldo Escobar y al gobernador Javier Duarte de Ochoa: si todo eso que dicen acerca de mis padres, de mis amigos y compañeros, de quienes se sospecha que tenían vínculos con el narcotráfico, razón por la cual les fue arrebatada la vida, quisiera que me respondieran lo siguiente:

¿Sí sabían que tenían presuntos “vínculos con carteles de la droga”, por qué no los detuvieron?, ¿por qué acusar a quien ya está muerto?, ¿a cuántos periodistas más pretenden desacreditar?, ¿por qué no inician por casa, donde tienen una larguísima cola que les pisen?, ¿quién tiene más credibilidad un burócrata o un reportero? También las corporaciones policíacas y de justicia mantienen o establecen “una relación de manera, tal vez circunstancial, con los cárteles de la delincuencia, y a ustedes quién los juzga. Estamos así por la corrupción e ineficiencia de esos órganos preventivos y de procuración de justicia”.

Y dice a los colegas, “nadie nos va ayudar, los dueños de comunicación nos están dejando solos. Eso no se vale. Estamos viviendo un momento muy difícil y oscuro del periodismo en el estado. Tendremos que ser fuertes y unir fuerzas. Esto no debe suceder en ningún lugar del mundo sobre todo si somos lo que informamos a la sociedad. Animo compañeros, sé que no es fácil cuando no existe ni el más mínimo apoyo moral. Atacar a un periodista, es atentar contra todo el gremio, no podemos hacernos tontos, porque mi historia algún día te puede pasar”.

*Oriunda del norte del país, veracruzana por imposición. Licenciada en comunicación, megalómana de corazón y pro defensa animal. Con nueve años en el periodismo, ha incursionado en el mundo de las artes visuales y la redacción.

Publicada el 3 de septiembre en la Revista Era.com

http://www.libertad-expresion.org.mx/

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