Ejército mexicano implementará plan para combatir guerrilleros

Publicado: 4 septiembre 2012 de Centro Independiente de Noticias en análisis, DD.HH./Violaciones, denuncias, México

[México / Comunicación Popular]

El alto mando del Ejército mexicano aplica un manual de inteligencia militar para el combate a la guerrilla y los grupos subversivos en México con equipo sofisticado.

Grupos subversivos como el EZLN, el Ejercito Popular Revolucionario (EPR), el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo, el Comité Clandestino Revolucionario del Pueblo y el Ejército Villista Revolucionario del Pueblo, entre otros, son monitoreados, vigilados, perseguidos hasta lograr su extinción, en aras de mantener el ‘órden interno’.

En su afán porque no se reactive la guerrilla en México, los servicios de inteligencia del Ejército han sofisticado sus métodos de espionaje.

Desde Baja California hasta Yucatán, en las 12 regiones militares sargentos, subtenientes y tenientes dan su “parte del día” a los tres comandantes que hay en cada zona; los comandantes de zona remiten el informe al comandante de región y éste a la Sección Segunda del Estado Mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional para su “limpia” final.

En la Sección Segunda del Estado Mayor se registra, clasifica y se ficha a los identificados plenamente como miembros de grupos subversivos, y no sólo a ellos, sino a todos aquellos considerados como inconformes por hechos tan simples como el de asistir a marchas y mítines y gritar consignas: estudiantes, maestros, dirigentes sociales, defensores de derechos humanos.

Para no perder de vista la mínima acción de grupos como el EPR, el ERPI y las FARP, las 24 horas del día el Ejército mantiene fuertes dispositivos en los estados del centro y sur del país, en donde se reconoce su presencia, y cada año envía a algunos de sus elementos –generalmente con el grado de subtenientes y tenientes– a tomar cursos antiguerrilla en países de Centroamérica, América Latina e Israel.

Como parte de su estrategia de contrainsurgencia, el Ejército federal apuesta al desgaste de los grupos armados, para quienes la acción más simple, desde la distribución de propaganda y hasta cualquier acto de presencia, representan un fuerte desgaste humano y de recursos, que se complica con el cerco militar que se ha creado a su alrededor en los últimos años.

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional es caso aparte, el gobierno la llama “la guerrilla buena”, y aunque en Chiapas continúan en operación las distintas fuerzas castrenses, se registra una “convivencia tolerada”.

Sobre el EPR y sus distintas escisiones, señala que el Ejército impedirá su crecimiento, los mantiene bajo la lupa obligándolos a un repliegue: “aunque indudablemente seguirán tirando petardos, pintando mantas y haciendo actos de presencia poco significativos”.

Para debilitar a la guerrilla también se recurre al desprestigio social, agrega Toledo: “Si no hay reconocimiento popular y el apoyo mismo del pueblo, la guerrilla no puede subsistir”.

Responsable de elaborar las directrices de control informativo y de contrainformación para el combate a la guerrilla y los grupos subversivos en México, la Sección Segunda de la Sedena enriquece día con día su banco de datos -incluidos los que suministra la red de infiltrados en las distintas organizaciones– para mantener el control militar de las zonas conflictivas.

Personal castrense especializado en manejo de información, mantiene al tanto de lo que ocurre en cada rincón de país a comandantes de regiones, de Zonas Militares, guarniciones, unidades y sectores. Los responsables de recolectarla y centralizarla son los Comandantes de Armas, Subsectores, Bases de Operaciones y Partidas Tácticas. Todo con el objetivo de “prevenir y reprimir actividades que alteren el orden interior”.

Inteligencia militar clasifica, asimismo, como documentos secretos (planes y órdenes de operaciones militares; datos que comprometen a altos mandos castrenses, procedimientos criptográficos en vigor); confidenciales (que en manos de la guerrilla `pone en peligro acciones en su contra) y restringidos (exclusivos de las fuerzas armadas).

Las medidas de contra-información para garantizar la seguridad de las transmisiones son: Criptográficas -impiden descubrir textos cifrados o codificados, claves y equipo–; operativas -para impedir que los ‘transgresores’ obtengan información de la corriente de tráfico de mensajes; y materiales -de protección de aparatos, documentos e instalaciones.

Los medios más comunes que comprometen la seguridad de las transmisiones son la intercepción de la radio-comunicación vía circuitos telefónicos y telegráficos, directa o inductivamente; intercepción de señales ópticas de lámparas, banderolas, paneles y pirotecnia, así como la captura de estafetas o agentes portadores de mensajes, códigos o claves.

*Fuente: Contralínea

http://comunicacionpopular.com.ar/

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